viernes, 25 de septiembre de 2026
 
 
     
El Senado le da oxígeno a Milei, pero el costo político se traslada

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LLA impuso su agenda en la Cámara alta con dos votos clave, aunque la victoria legislativa no oculta las fracturas territoriales que enciende.

El oficialismo cosechó en el Senado dos victorias legislativas que, lejos de ser neutras, reconfiguran el mapa de tensiones entre la Casa Rosada y los gobernadores del interior profundo. La aprobación del recorte de subsidios al gas para zonas frías y las modificaciones a la Carta Orgánica del Banco Central representan un avance concreto de la agenda desregulatoria de La Libertad Avanza, pero cada una de esas victorias arrastra consigo un costo político que el Gobierno todavía no terminó de contabilizar. La cuestión de Zonas Frías es, en términos de impacto territorial, la más sensible de las dos. Las regiones patagónicas y cordilleranas que dependen de los subsidios al gas para sobrevivir el invierno no son abstracciones estadísticas: son distritos con gobernadores que negocian con Nación, con intendentes que miden su supervivencia política en boletas de gas y con ciudadanos cuyo poder adquisitivo ya viene erosionado por dos años de ajuste. Que el Senado haya aprobado el recorte no significa que el conflicto esté cerrado; significa que se traslada al territorio. La reforma del Banco Central, en cambio, opera en otro registro. Es una modificación institucional con implicancias de largo plazo sobre la autonomía de la autoridad monetaria, y su regreso obligado a la Cámara de Diputados por las modificaciones introducidas en el Senado revela que el texto no estuvo blindado desde el principio. Esa segunda vuelta en la Cámara baja no es un trámite administrativo: es una nueva ventana de negociación donde los sectores que no lograron frenar la iniciativa en el Senado intentarán al menos modificar sus contornos. El dato político central de la jornada no es cuántos votos obtuvo el oficialismo, sino con quiénes los consiguió. En un Senado donde LLA carece de mayoría propia, cada aprobación requiere alianzas que tienen precio. Los votos que acompañaron al Gobierno en estas dos iniciativas expresan compromisos, concesiones o cálculos electorales que no siempre quedan visibles en el acta de votación pero que estructuran la dinámica parlamentaria de los meses por venir. El contexto no es menor: el país se aproxima a un ciclo electoral en el que la gestión económica será el eje de evaluación ciudadana. Aprobar un recorte de subsidios energéticos en ese escenario es una apuesta arriesgada, especialmente en distritos donde la temperatura no es una metáfora sino una condición de vida. El Gobierno parece calcular que el ajuste fiscal en curso le da más rédito con los mercados y con su base dura que lo que le cuesta en votos periféricos. El Ejecutivo nacional lleva dos años tratando de demostrar que puede gobernar sin mayorías parlamentarias propias apelando a la presión pública, la fragmentación opositora y los incentivos individuales de legisladores que no quieren quedar del lado equivocado de las votaciones. Esa estrategia funcionó en varias instancias, pero cada victoria en el Congreso también consolida una narrativa donde el Gobierno avanza sobre derechos o beneficios adquiridos, narrativa que la oposición no desaprovecha. Lo que quedó en evidencia en esta sesión es que el Senado dejó de ser el muro de contención que fue durante los primeros meses del mandato. Eso cambia la geometría del poder legislativo y obliga a los actores opositores a recalcular sus estrategias. El regreso de la reforma del BCRA a Diputados será la primera prueba de si esa reconfiguración tiene límites o si el oficialismo aprendió definitivamente a operar en un Congreso que ya no le es hostil por defecto.