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| miércoles, 23 de septiembre de 2026 |
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La pobreza que el INDEC mide y la que la política prefiere ignorar
El debate sobre la metodología del INDEC expone una tensión estructural: los números bajan, pero la realidad social que no se mide sigue ahí.
La discusión sobre cómo mide el INDEC la pobreza no es técnica ni inocente. Es, ante todo, política. Cada vez que un gobierno exhibe una baja en los índices de pobreza, la pregunta que debería seguir inmediatamente es cuál pobreza, medida cómo y con qué variables. Que esa pregunta rara vez se formule con rigor en el espacio público es parte del problema.
El INDEC utiliza la medición por ingreso como metodología central para determinar si un hogar es pobre o no. El criterio es comparar el ingreso del hogar contra el valor de una canasta básica total. Si los ingresos superan ese umbral, el hogar deja de ser pobre estadísticamente. El problema es que este enfoque captura un momento, una foto, como señalan los propios analistas, pero no registra la profundidad ni la persistencia de las privaciones.
Durante la gestión de Javier Milei, la inflación desaceleró con fuerza a partir del segundo semestre de 2024, lo que permitió que los ingresos nominales recuperaran terreno frente al valor de la canasta. Ese mecanismo explica, en gran medida, la baja estadística de la pobreza que el INDEC efectivamente registró. No es un dato falso, pero tampoco es un dato completo.
Lo que la medición por ingreso no captura es la pobreza estructural: el acceso a infraestructura sanitaria, la calidad habitacional, la cobertura de salud real, el nivel educativo del hogar. Estas dimensiones pueden permanecer deterioradas aunque el ingreso supere momentáneamente el umbral. Argentina tiene una larga historia de familias que entran y salen de la pobreza estadística con cada ciclo inflacionario, sin que su situación estructural cambie sustancialmente.
El debate metodológico tiene además una dimensión institucional sensible. El INDEC recuperó credibilidad tras el escándalo de las intervenciones durante el kirchnerismo, pero esa credibilidad se sostiene en la transparencia de los criterios, no en la ausencia de cuestionamiento. Señalar las limitaciones de una metodología no es atacar al organismo: es hacer exactamente lo que el periodismo de datos debe hacer.
En ese sentido, el análisis que circuló en el programa Ronda de Investigación apunta a algo relevante para la coyuntura política. El oficialismo necesita mostrar resultados sociales concretos de cara al ciclo electoral que se abre. La baja de pobreza medida por ingreso es el principal activo social que La Libertad Avanza puede exhibir. Pero si la discusión sobre la metodología gana terreno público, ese activo se vuelve más frágil de lo que parece.
Argentina necesita con urgencia avanzar hacia mediciones multidimensionales de la pobreza que complementen el enfoque por ingreso. No para reemplazar un número por otro, sino para tener un diagnóstico más honesto que oriente políticas públicas reales. Mientras eso no ocurra, cada anuncio de reducción de pobreza seguirá siendo parcialmente verdadero y, por eso mismo, parcialmente engañoso.
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