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| martes, 22 de septiembre de 2026 |
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Desempleo golpea y desnuda las fallas del modelo libertario
Con 7,9% de desocupación en el segundo trimestre de 2026, la gestión Milei enfrenta su peor dato laboral en un momento políticamente sensible.
El número llegó y no admite eufemismos: 7,9% de desocupación en el segundo trimestre de 2026, el registro más alto desde que Javier Milei asumió la presidencia. Más de 1.800.000 personas fuera del mercado formal de trabajo. La cifra no es solo estadística; es el termómetro de una promesa incumplida que el oficialismo había convertido en bandera: el ajuste fiscal como camino inevitable hacia la recuperación del empleo.
La narrativa libertaria construyó durante más de dos años un relato de sacrificio transitorio con recompensa futura. El argumento era conocido: primero el equilibrio fiscal, luego la inversión privada, luego el empleo. Ese encadenamiento lógico, repetido hasta el cansancio por ministros y voceros, encuentra ahora un obstáculo empírico difícil de esquivar. La recuperación del consumo que mostraron algunos indicadores de 2025 no se tradujo en absorción laboral sostenida.
El dato expone además una tensión estructural que el modelo no resolvió: la economía argentina puede crecer en términos de PBI y al mismo tiempo expulsar trabajadores, especialmente en sectores industriales y de servicios informales que concentran a los sectores más vulnerables. El crecimiento, cuando llega, no derrama de manera homogénea. Esa heterogeneidad distributiva es el talón de Aquiles del esquema desregulador.
La oposición peronista y los sectores sindicales ya tenían agendado este escenario como munición política. La CGT, que mantuvo una relación tensa pero negociada con el gobierno durante buena parte del mandato, tiene ahora un argumento concreto para endurecer su postura de cara a la discusión paritaria del segundo semestre. El número de desocupación le otorga legitimidad reivindicativa que ningún discurso político puede neutralizar fácilmente.
El contexto regional agrega complejidad. Brasil y Chile también muestran enfriamiento en sus mercados laborales durante 2026, lo que le permite al oficialismo argumentar causas externas. Sin embargo, esa lectura resulta insuficiente cuando el propio gobierno se atribuyó mérito exclusivo por los indicadores positivos de trimestres anteriores. La selectividad en la apropiación de los datos erosiona la credibilidad del relato económico oficial.
Lo que el índice también revela es la fragilidad del empleo recuperado entre 2024 y 2025. Gran parte de la reabsorción laboral de ese período se concentró en modalidades precarias, cuentapropismo de subsistencia y empleo informal, estructuras que son las primeras en colapsar ante cualquier contracción de la demanda interna. La solidez del mercado de trabajo formal sigue siendo una asignatura pendiente.
Para la gestión Milei, el desafío político es mayúsculo: sostener la cohesión de su base electoral ante un dato que contradice las expectativas sembradas, mientras negocia con sectores del establishment financiero que miran el empleo como variable secundaria frente a la estabilidad cambiaria. El equilibrio entre ambas audiencias fue siempre precario. Con 7,9% de desocupación, esa precariedad se vuelve más visible y más costosa.
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