  |
| martes, 22 de septiembre de 2026 |
|
|
|
|
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
| |
|
|
La grieta que incomoda al macrismo: condenar sin proscribir
La voz de Avelluto abre un debate incómodo dentro del espacio no peronista: ¿puede la oposición construir poder sin eliminar al adversario?
La condena a Cristina Fernández de Kirchner y su posterior prisión no cerraron el ciclo político que la derecha argentina esperaba. Por el contrario, abrieron una fractura interna en el propio espacio opositor, donde figuras como Pablo Avelluto —exministro de Cultura de Mauricio Macri— expresan públicamente su incomodidad con una estrategia que confunde victoria judicial con victoria política.
Avelluto no defiende a Kirchner ni cuestiona el fallo. Su posición es más precisa y más incómoda para su propio espacio: sostiene que proscribir al adversario es una señal de debilidad estructural, no de fortaleza. La lógica es simple pero políticamente explosiva: si necesitás que el otro no pueda competir, es porque todavía no construiste algo mejor para ofrecerle a la ciudadanía.
Esta tensión no es nueva en la historia argentina. El peronismo fue proscripto durante 18 años tras el golpe de 1955 y esa exclusión forzada terminó consolidando su identidad como movimiento perseguido, alimentando su mitología interna y dificultando cualquier alternativa política estable. El antiperonismo aprendió aquella lección de la peor manera posible: la proscripción no derrota ideas, las fossiliza y las potencia.
El escenario actual presenta una paradoja estructural para el macrismo y para La Libertad Avanza. Ambos espacios construyeron buena parte de su capital electoral sobre la crítica al kirchnerismo, pero esa crítica nunca se tradujo en una propuesta programática capaz de desplazarlo culturalmente. La judicialización se convirtió, en ese vacío, en un sustituto de la disputa política genuina.
Avelluto representa una minoría articulada dentro del PRO y del espacio no peronista que entiende que el verdadero desafío no es sacar a Cristina del tablero, sino construir hegemonía propia. Esa posición choca con sectores del macrismo duro y del oficialismo libertario que apuestan a la inhabilitación como herramienta electoral de corto plazo.
El debate de fondo que dispara esta declaración es el de la legitimidad democrática del sistema. Una democracia que inhabilita a sus principales figuras opositoras sin procesar ese conflicto en las urnas acumula tensión institucional sin resolverla. La Argentina tiene sobrada experiencia en ese tipo de atajos y sus consecuencias.
Lo que dice Avelluto, en definitiva, es que el antikirchnerismo no alcanza como proyecto político. Es un diagnóstico que el establishment opositor escucha pero no quiere asumir, porque asumir implicaría hacer el trabajo político más difícil: construir en lugar de eliminar.
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
| |
|
|