domingo, 6 de septiembre de 2026
 
 
     
La Iglesia como recurso político del jefe de Gobierno porteño

Jorge Macri recurrió al nuncio apostólico en un momento de debilidad institucional y creciente presión opositora dentro del PRO.

El encuentro entre Jorge Macri y el nuncio apostólico para la Argentina no es un hecho protocolar menor. En el universo político argentino, la relación con la Iglesia Católica —y con su representación diplomática vaticana— funciona históricamente como un termómetro del estado de situación de quien gobierna. Cuando un mandatario busca a la Iglesia, raramente lo hace por devoción. Macri atraviesa uno de los períodos más complejos de su gestión al frente de la Ciudad de Buenos Aires. La interna del PRO no cede, su primo Mauricio orbita con agenda propia, y la coalición que sostiene al oficialismo porteño muestra fisuras que ningún acuerdo electoral termina de sellar. En ese contexto, el vínculo con estructuras de poder externas al sistema partidario adquiere un valor simbólico y también operativo. La nunciatura apostólica es, además, un canal diplomático de peso. El Vaticano mantiene una