lunes, 11 de noviembre de 2019
   
 
28/12/2016
     
Sin respuestas

El Ministro de Seguridad del Gobierno porteño sin herramientas a mano frente a la inseguridad y la reacción de la sociedad con toma de comisaría incluída. Solo paliativos. Historia oscura. Problemas gremiales. Situación agravada.

 La sinceridad de Martín Ocampo puede ser un buen punto de partido,  pero también refleja una situación terminal donde lo mas preocupante es que nadie tiene una solución de corto o mediano plazo a mano: "Está claro que el contrato de confianza entre el ciudadano y la policía que debe protegerlo esta roto"

 Sociólogos dedicados al tema seguridad explican que en democracia el vínculo policía - jóvenes siempre fue conflictivo. Desde la muerte de Walter Bulacio en una comisaría de Nuñez tras un recital en Obras Sanitarias hasta los continuos choques en canchas de fútbol o espectáculos públicos.  Sin embargo, en los barrios de Capital Federal, hasta hace poco, la convivencia con los ciudadanos de a pie era otra.  Hoy todo es sospecha y enojo. La familia entera sabe que el trapito que recauda en las esquinas lo hace en absoluta connivencia con la comisaría de la zona y  es testigo de los robos  padecidos por cualquier comerciante que no puede o no quiere pagar la forzada protección policial: "Durante años me cobraron una plata semanalmente para cuidar mi negocio. Un día les explique que no tenía recursos porque habían caído mucho las ventas y a la madrugada siguiente me asaltaron". Testimonio la semana pasada  del propietario de un restaurante de Palermo  que puede multiplicarse por decenas. 

 El Gran Buenos Aires es igual. Hace unos meses un barrio de Vicente López comenzó a ser el lugar elegido para decenas de atentados contra la propiedad y la sugerencia de la bonaerense fue multiplicar la instalación de alarmas. La solución no pasó por alli. Llegó de una forma menos convencional: Quedó detenido un subcomisario del lugar, responsable de "liberar la zona" donde se cometían los ilíicitos. 

La muerte de Brian es mucho mas grave, sin retorno, y por eso la indignación popular. Los asesinos habían sido señalados en repetidas oportunidades por los vecinos: "el Bora negro y la Honda roja eran parte del paisaje permanente y jamás nos escucharon"

 El cóctel de vecinos indefensos y policías millonarios es explosivo. En la ciudad de Buenos Aires no se hizo todavía el requerimiento que en la provincia dejo a tantos comisarios bonaerenses al desnudo: Mas de un centenar de ellos con bienes y propiedades imposibles de justificar de acuerdo al salario percibido. 

El  poder politico y la justicia  son parte escencial de este esquema. Los primeros convalidando y los segundos mirando para otro lado. Pero está claro que las demandas de la gente son hoy para el uniformado: Su rol es cuidad y proteger, no ser parte del delito.

 En el marco de esta corrupción institucional mas explícita que en otros momentos  también juega su rol el traspaso de efectivos desde la Federal a la Metropolitana, que  nunca ha terminado de conformar a los primeros. El malestar es notorio. Durante todo el año la actitud de la policía en la calle estuvo lejos de un compromiso activo con la solución de los problemas. 

 Quienes conocen la fuerza por dentro, cómo en toda institución, rescatan la probidad de muchos. Saben  también  que resulta casi imposible evitar una "corrupción sistémica" que funciona desde siempre.

 Martín Ocampo en el medio. Y a solas. Es el Ministro de Seguridad de la Ciudad, pero  ningún dirigente político del oficialismo dio alguna explicación sobre algo desde la semana pasada. En su encuentro con los vecinos de Flores prometió seguir escuchandolos y mas policías en la calle.  Gusto a poco.  El último punto debería ser una de las primeras cuestiones a revisar.  La ciudad tiene 28.000 cuadras en toda su extensión y la Metropolitana 28.000 efectivos. Uno cada cien metros. El tema no es la cantidad, la cuestión es saber de que lado estan.