lunes, 18 de noviembre de 2019
   
 
09/11/2016
     
A contramano

Donald Trump es presidente de los EEUU con una abrumadora mayoría de medios de comunicación en su contra. El fenómeno. Poder relativo. Efecto boomerang. Militancia en las redes sociales. Pase de facturas.

 
   Los números de la semana previa eran contundentes: 229 diarios norteamericanos y 121 semanarios apoyaron explicitamente la candidatura de Hillary Clinton y apenas 13 se manifestaron a favor del ganador. Menos del 5 % del lado de Trump y ganó igual.  Su victoria tuvo otras dos características inusuales: Nunca antes fue tan despareja la inclinación por una opción u otra y tan contundente la partidización. Cuidar las formas, vestir ropajes de neutralidad? De ninguna manera. 

  Los números y el resultado habilitan dos  consideraciones
 
   ---- Mas que nunca se eligió la subjetividad cómo camino. Fue un error?  Al revés.  Posibilita un vínculo de mayor transparencia con el lector. La linea editorial no se esconde. No hay contrabando ideológico en el producto ofrecido. 

   ---- Por que fracasó? Si se miraba el mapa de medios y su inclinación por Trump o Clinton la derrota demócrata parecía imposible. La lectura de la situación por parte de diarios, radios y canales no fue la acertada. Hubo mucho hincapie en los cuestionables aspectos misóginos y xenofobos del ganador pero no se atendió lo que representaba para millones de desocupados. Ahí estuvo su principal fortaleza para la victoria. No percibir esa situación es la gran mancha negra de los medios. No solo querían que ganase Hillary.  Tampoco vieron el reclamo del subsuelo social de EEUU y se quedaron con una mirada de superficie. 

  El resultado final apresuró un urgente autoindulto de los diarios  "No somos tan decisivos como se dice" que sin embargo es relativo. El poder de los medios no alcanzó para modificar el voto de las mayorías pero en cambio fue  clave para la instalación del candidato ganador. Carly Fiorina, Chris Christie, Rand Paul, Rick Santorum y Mick Huckabee fueron algunos de los derrotados por Trump en las primarias. Todos ellos con un muy bajo nivel de conocimiento. Cuando se enfrentaron con el ganador en cada uno de los estados siempre la figura excluyente fue el dueño del jopo naranja. Porqué vendía mas y porque exponer sus desmesuras, presuntamente, favorecía la previsibilidad de Hillary.  El crecimiento aluvional de Trump se sustentó en estas coberturas. Lo importante era que se hablase de él. Bien o mal era aleatorio. Nadie elige lo que no se conoce. Y los medios fueron escenciales en esta estrategia.

   Si los diarios, radios y canales  no acertaron en el candidato elegido y las encuestas tampoco, las redes sociales en cambio estuvieron mucho mas cerca de lo constatado anoche. Los  chequeos de la tarde  mostraban que la llegada de Clinton a sus seguidores era tibia y la de Trump masiva en sus respectivos mensajes finales.

  Definidas las candidaturas, visto el resultado final, fue tarde para detener el fenómeno alimentado por los mismos  que hoy dicen que su peso es relativo.  Gran parte de la sociedad americana  hace mas de 20 años que ve cómo se deteriora su nivel de vida y crecen las desigualdades. Hillary Clinton, claramente, era mas de lo mismo. Trump prometió otra cosa y fueron por el cambio. La urgencia y la necesidad pesaron mas que las desmesuras. Lo que queda por ver, nadie tiene certezas, es  su margen de maniobrabilidad. Si podrá emprenderla con muros e inmigrantes o aparecerá el corset del Congreso, el Partido Republicano, la Corte Suprema de Justicia y demás. Carlos Escudé, ex asesor principal de Guido Di Tella dijo con sinceridad: "Algunas propuestas económicas me gustan, pero pienso que va a manejar la valija con los códigos nucleares de seguridad y tengo pánico"