martes, 12 de diciembre de 2017
   
 
24/06/2016
     
En terapia

El peronismo en general y el kirchnerismo en particular siguen sin abordar con sinceridad la historia previa a las valijas voladoras de Lopez. La ingenuidad cómo máscara.

 
     La principal fuerza opositora a Cambiemos tiene problemas no solo de tipo judicial o político. El Movimiento Evita, que ayer decidió romper con la conducción de Cristina Fernández, dice que falta una adecuada autocrítca tras la derrota frente a Macri del año pasado y seguramente tienen razón. El problema es que hasta aquí nadie en ninguna de las variantes del peronismo se ha acercado a la verdad en torno al caso Lopez y los bolsos del convento de General Rodriguez.

     Todos niegan todo. Tenemos discursos incomprensibles a veces por su cinismo y otras por su ingenuidad. Oscar Parrili, Secretario General de la Presidencia, durante diez años se indigna y sorprende por "corruptos que traicionan el proyecto".  Julio De Vido habló de "lobos solitarios". Pueden argumentar  lo que quieran, pero no son creíbles. Tampoco los ingenuos. Diputados o Senadores que  estaban a veces mas lejos del poder real, es cierto, pero el "sistema" era demasiado explícito cómo para hacerse el desentendido.

    El negacionismo tiene patas cortas. Eduardo Arnold fue Vicegobernador de Kirchner y Vice de la Cámara de Diputados de la Nación en el 2003. Ya en ese momento denunciaba a gritos todo lo que ahora se sabe. Eduardo Acevedo renuncio cómo  titular del Poder Ejecutivo  de Santa Cruz  también en los primeros años por no convalidar sobreprecios para la obra pública.  Y se fue dejando constancia de los motivos que obligaban a su decisión.  También desde el sector público, siempre de manera reservada y nunca en conferencia de prensa, decenas de intendentes contaban el modo de adjudicación de las obras que acordaban con la Nación. Los propios colaboradores de López, también con sigilo, alertaban sobre la poca transparencia de sus decisiones. A esto se le debe sumar históricas denuncias de medios patagónicos, de Carrió, Noticias, libros de colegas de la Nación cómo "Hablen con Julio" y la rendidora  versión 2015 de Lanata   Se puede decir que uno no creía en lo publicado, pero nunca que no se sabía. La historia ha sido contada demasiadas veces para que alguien que fue parte del poder venga ahora a decir que está "sorprendido" o "indignado".

    El tema principal  no es  aparecer cómo cinico o ingenuo negando lo evidente. Lo complicado es no asumir ni contar la verdad. Por eso señalamos al comienzo que hay problemas políticos, judiciales y otros que podrían tratarse en terapia. José Francisco López es el resultante indeseado e inesperado de un sistema que nació en el 2003 y que nadie desconocía. Néstor Kirchner de manera pública y privada siempre dijo que para hacer política había que tener recursos y nunca se ocultó demasiado que uno de los ductos para ese objetivo eran los sobreprecios de la Obra Pública. Por supuesto que hay en el medio debates éticos y legales y un enorme gris respecto a que porcentaje de lo capitalizado tenía destino personal y cual el difuso destino de "la política". Todo es cierto. Pero también es verdad que el peronismo en su conjunto asumió el sistema como inherente al tiempo que se vivía.

   Quién no compartía la nula transparencia del sistema podía irse a su casa. Horacio Rosatti, que la semana que viene asume cómo Juez de la Corte, fue uno de ellos. En su momento era Ministro de Justicia y no quiso convalidar  una serie de presupuestos desbocados que tenían por objeto la construcción de nuevos institutos penitenciarios. Puede haber otros casos pero muy contados. Los demas, con distintos grados de involucramiento, aceptaban y compartían el sistema. 

  Compartir y aceptar, desde el punto de vista de varios, no conformaba incluso una conducta delictual. Los problemas de la financiación de la política, explicaban, son comunes en todo el mundo. El sistema cohabitó  en los años dorados del kirchnerismo con la derogación de las leyes de obediencia debida y punto final,  el rechazo a Bush y el Alca en Mar del Plata,  el crecimienento del PBI, los altos precios de la soja y la caída del desempleo. Caja y derechos humanos. El binomio hasta parecía naturalizado.

  Hoy la mirada es otra. Ha quedado mas  claro que el dinero de la corrupción tenía destinos menos loables que los imaginados  y que el robo sistemático  en   los subsidios al Transporte terminó con la tragedia de Once. También sabemos de  rutas y autopistas que no se hicieron  y su saga de accidentes tantas veces fatales.

   Enojarse con el señor de las valijas es entendible, comprensible, pero no alcanza. Cómo en otros momentos históricos tal vez lo mas cómodo y funcional sea señalarlo con el dedo cómo el único responsable.  Puede ser eventualmente una salida política. Pero si lo que se busca en serio es una autocrítica sincera y la verdad,se deberán admitir otras certezas: López tenía jefes, era parte de un sistema - ningún lobo solitario -y todo el peronismo supo, en mayor o menor medida, lo que sucedía.