martes, 12 de diciembre de 2017
   
 
04/11/2015
     
Heterodoxo

Tiene el apoyo de liberales y conservadores, pero la prioridad de Cambiemos es la gestión. Oficio para evitar conflictos.

 
   Mauricio Macri es el candidato de los sectores conservadores en materia económica y de un espacio liberal-republicano a construirse en lo político. En este marco no es extraño que Cavallo manifieste su voto por Cambiemos y lo mismo sucede con seguidores de Ricardo López Murphy.   El PRO, la UCR y Carrió apuestan a conformar en tanto la mejor contracara posible del kirchnerismo.

   Esta definición teórica, sin embargo, no es siempre la mas adecuada para definir las aspiraciones y la forma de gestión del candidato a Presidente de Cambiemos.  En la Ciudad y en la campaña Mauricio Macri se ha mostrado  lejos de la ortodoxia y abierto a modificar  lo que sea necesario.

   Hace ocho años, cuando llegó a la Jefatura de Gobierno, todo el mundo miró expectante su primera pulseada con Amadeo Genta y  los municipales. El PRO amagó  con despidos y mayor control a los trabajadores pero el conflicto se encarriló rápido y nunca se repitió durante  dos mandatos. Con Hugo Moyano se negoció tan bien el tema de la basura que el jefe de los camioneros terminó inagurando una estatua de Perón junto al propio Macri a dias de la elección de octubre. La relación con los docentes tuvo picos de mayor conflictividad pero también mejoró mucho el último año. En materia de gestión se le achaca razonablemente que debería haber habido mas inversión en salud, pero  no fue un Gobierno despreocupado por lo público. Claramente nadie gana tres elecciones seguidas si no escucha o atiende los reclamos de la sociedad. Al macrismo le tocaron ocho años en la ciudad con un crecimiento como nunca antes del parque automotriz. Hubo aciertos en el ordenamiento del tránsito, falencias cómo la ausencia inexplicable de playas de estacionamiento y no se construyeron los subtes prometidos. Pero cómo nunca antes se apuntó a sostener y mejor el transporte público en detrimento  del auto particular. Asi sucede en cualquier ciudad grande y moderna del mundo.

   Síntesis.  Los conflictos, por estilo y decisión política, nunca se agudizaron. No se los dejó crecer. Nunca se aferraron Macri y  sus ministros a posiciones irreductibles. En algún momento se tomó la desacertada decisión de convocar a Abel Posse cómo Ministro de Educación. Hubo quejas y denuncias de todos lados por su notoria vinculación con Massera en los años de la Dictadura. A la semana lo cesaron en su cargo y fue reemplazado por Esteban Bullrich.

   El oficialismo nacional, razonablemente preocupado por el resultado de próximo 22,  se recuesta en los mas noventistas del macrismo y castiga en consecuencia. Reflota pertenencias carapintadas de algunos responsables de Seguridad, interpreta de manera forzada algunas declaraciones  de Melconian y pega mediáticamente. Habrá que ver si la estrategia resulta, pero está claro que Mauricio Macri  trata de evitar la confrontación casi cómo manual de estilo.

     Rodriguez Larreta y Maria Eugenia Vidal gobernarán en conjunto a partir del 10 de diciembre a mas de 20 millones de argentinos. En ocho años no se les conoce casi cuestionamientos de tipo político a la posición. Solo hablaron de gestión, siempre. Puede parecer como descafeinado para la dirigencia política nacional clásica. Es cierto. También es verdad que no les ha ido nada mal.

    Los cuestionamientos del oficialismo seguirán en cadena. Predecir si van a lograr su objetivo es complicado, cada candidato utiliza la estrategia que le parece mas adecuada. Pero está claro que el Macri que conoció la Capital Federal mete menos miedo que el que muestran por televisión y en  las redes sociales.