viernes, 16 de octubre de 2026
 
 
     
El peronismo ensaya un atajo: interna sin PASO para sobrevivir

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La eliminación de las PASO abre una ventana táctica para el PJ: Cristina como garante de unidad y Zamora como candidato presentable.

El escenario electoral de 2025 e 2027 empieza a redibujarse desde adentro del peronismo con una lógica que mezcla supervivencia orgánica e ingeniería política de emergencia. El consultor Cristian Butie, director de CB Consultora Opinión Pública, plantea que la eliminación de las PASO no cierra el juego interno del PJ sino que lo reformatea: sin primarias abiertas, el peronismo podría activar una interna partidaria propia donde Cristina Kirchner encabece la fórmula junto a Gerardo Zamora, gobernador de Santiago del Estero, para luego transferirle el protagonismo electoral al norteño. El mecanismo es conocido en la historia peronista: el líder consagra al candidato. El contexto hace que esta hipótesis no sea descabellada. La eliminación de las PASO por parte del gobierno de Javier Milei, lejos de simplificar el tablero, obliga a cada fuerza a resolver internamente lo que antes dirimía en las urnas. Para el peronismo fragmentado, eso es tanto una amenaza como una oportunidad. Una interna orgánica le devuelve al aparato partidario el control del proceso, algo que las PASO habían erosionado durante años al abrir la cancha a outsiders e internos díscolos. La figura de Zamora en este esquema no es casual ni decorativa. El gobernador santiagueño representa al peronismo territorial clásico, con capacidad de gestión provincial demostrada e imagen moderada frente al electorado no kirchnerista. Su debilidad es la proyección nacional: es poco conocido fuera de su distrito. De allí la lógica del esquema Butie: Cristina pone el caudal de votos duros e identidad, Zamora pone la candidatura ejecutiva. Una transferencia de legitimidad en clave peronista ortodoxa. El rol de Cristina en este armado es el de gran electora, no de candidata terminal. Su inhabilitación judicial para ejercer cargos públicos la coloca en un limbo que paradójicamente fortalece su poder de ordenar sin asumir los costos de gobernar. Históricamente, el peronismo ha sabido operar con ese esquema: el líder que no puede o no quiere candidatearse se convierte en árbitro de la interna e intendente simbólico del movimiento. Ese lugar ya lo ocuparon, con distintas suertes, figuras como Isabel Perón o el propio Néstor Kirchner en su etapa post-presidencial. Desde el oficialismo, el análisis de Butie sobre la imagen internacional de Milei agrega otra dimensión al cuadro. El presidente argentino construyó una marca ideológica regional que le da visibilidad pero también lo expone: cada tropiezo económico interno se amplifica en el exterior e interpela su credibilidad como modelo exportable. Esa fragilidad es el oxígeno que respira la oposición peronista, que no necesita crecer si el gobierno se erosiona solo. Las tensiones en juego son múltiples e irresolubles en el corto plazo. Dentro del peronismo, no todos aceptarían de buen grado una interna conducida desde La Cámpora o desde el cristinismo duro. Gobernadores como Axel Kicillof o Sergio Massa guardan sus propias ambiciones e interpretan el mapa de manera diferente. Una interna orgánica puede ordenar, pero también puede estallar si los perdedores no reconocen el resultado o si Cristina no logra imponer su autoridad sobre todos los sectores. El escenario que describe Butie es, en definitiva, un peronismo que intenta hacer de la necesidad una virtud. Sin PASO, sin candidato propio consolidado e inhabilitada su figura dominante, el movimiento busca en la ingeniería interna lo que no puede conseguir en las encuestas. Si el esquema Cristina-Zamora prospera, el peronismo llegaría a 2027 con una candidatura ordenada e inesperada. Si fracasa, la fragmentación se vuelve estructural e irreversible antes de la elección presidencial.