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| viernes, 23 de octubre de 2026 |
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El apellido De la Sota vuelve a orbitar el peronismo bonaerense
Candelaria activa su nombre en la discusión 2027 y exige internas abiertas: ¿renovación genuina o operación de posicionamiento?
El peronismo argentino enfrenta su enésima discusión sobre renovación y Candelaria de la Sota aparece como uno de los nombres que buscan ocupar ese espacio vacante. La hija del exgobernador cordobés José Manuel de la Sota —figura central del PJ durante dos décadas— sale a la cancha política con una propuesta de primarias abiertas por regiones e integración de independientes, y no descarta competir en 2027 en la Ciudad o la provincia de Buenos Aires. El movimiento no es inocente: en un peronismo bonaerense sin conducción clara, la aparición de figuras con apellido, relato y cierta distancia del establishment interno tiene valor de mercado político.
Candelaria reside desde hace 28 años en el AMBA, dato que la despega geográficamente de Córdoba pero que también la deja suspendida en una tierra de nadie: no es una figura consolidada del peronismo bonaerense ni tiene inserción territorial propia. Su capital es simbólico y mediático, no orgánico. Esa condición la convierte en un activo potencialmente útil para algún armado que necesite rostros frescos, pero también en una candidatura frágil si el escenario exige estructura.
La propuesta de internas abiertas con participación de independientes es el corazón político de su jugada. Dentro del PJ, esa idea siempre divide: los aparatos territoriales la resisten porque licua su poder de veto; las corrientes renovadoras la abrazan como bandera de democratización. De la Sota la pone sobre la mesa en un momento en que el peronismo busca recuperar centralidad frente al avance de La Libertad Avanza y necesita ampliar su base más allá del votante histórico.
El antecedente familiar es un arma de doble filo. José Manuel de la Sota construyó un peronismo cordobés de perfil propio, frecuentemente en tensión con el kirchnerismo, con una impronta más liberal y gestionalista. Ese ADN político puede ser un diferencial en el conurbano o en la Ciudad, donde el peronismo K tiene techo conocido, pero también puede generar anticuerpos en la interna de un PJ que sigue procesando sus identidades post-2019.
El timing del lanzamiento no es casual. Con la elección legislativa de 2025 todavía caliente y el mapa de 2027 comenzando a dibujarse, los actores con aspiraciones necesitan instalar sus nombres antes de que los acuerdos cierren los espacios disponibles. Candelaria De la Sota hace exactamente eso: genera conversación, mide temperatura y reserva un lugar en la discusión sin comprometerse todavía con una candidatura concreta.
El peronismo bonaerense atraviesa una crisis de representación que ningún dirigente actual logra resolver con autoridad. Axel Kicillof retiene la provincia pero no produce liderazgo nacional; el kirchnerismo duro resiste pero no crece; los sectores renovadores existen como diagnóstico más que como fuerza organizada. En ese vacío, figuras como De la Sota pueden prosperar o diluirse según la capacidad de cada armado para convertir apellido en votos.
Lo que el movimiento de Candelaria revela, en definitiva, es el estado de un peronismo que sigue procesando su identidad a través de apellidos históricos mientras proclama renovación. La contradicción no es menor: invocar al padre para hablar de futuro es una tensión que el peronismo arrastra desde siempre, y que en 2027 volverá a ponerse a prueba en las urnas.Más noticias de Datapolítica
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