viernes, 23 de octubre de 2026
 
 
     
El DNU 70 sobrevive: la oposición no llega al quórum y Milei gana

La convocatoria para sesionar y derogar el decreto pierde fuerza. El oficialismo no necesitó negociar: la oposición se fragmentó sola.

El intento opositor de abrir una sesión en la Cámara de Diputados para derogar el DNU 70/2023 —el decreto de desregulación masiva que Javier Milei firmó al asumir la presidencia— naufragó antes de llegar al recinto. Lo que en algún momento se presentó como una ofensiva parlamentaria coordinada terminó siendo una demostración de la incapacidad estructural del bloque opositor para sostener acuerdos en el tiempo. Los protagonistas son los mismos de siempre: una oposición fragmentada entre el peronismo, la centroizquierda y los bloques provinciales, y un oficialismo que aprendió a ganar sin mayoría propia. El DNU 70 es uno de los instrumentos más ambiciosos y controversiales del gobierno de La Libertad Avanza. Modificó más de 300 normas de un solo golpe, desreguló mercados, eliminó restricciones y reformó aspectos centrales de la economía argentina sin pasar por el Congreso. Desde su firma, la oposición intentó varias veces construir la mayoría necesaria para rechazarlo en ambas cámaras. El Senado ya lo había rechazado, pero Diputados nunca llegó a votar. Lo que erosionó la convocatoria esta vez no fue una derrota en el recinto sino una serie de movimientos previos, tanto judiciales como políticos, que desactivaron la urgencia y diluyeron los compromisos. Algunos bloques que habían prometido quórum empezaron a marcar diferencias, a pedir condiciones o directamente a ausentarse del compromiso. La dinámica no es nueva: la oposición argentina tiene una tendencia recurrente a construir mayorías virtuales que se deshacen cuando llega el momento de votar. El oficialismo, por su parte, no necesitó desplegar ninguna estrategia activa de bloqueo. Le bastó con esperar. La Casa Rosada aprendió en estos casi dos años de gestión que la mejor defensa parlamentaria es la paciencia y la explotación de las contradicciones internas del campo opositor. Cada vez que la oposición amenaza con una sesión, el tiempo juega a favor del gobierno: los incentivos para votar en contra del decreto se diluyen, los costos políticos de romper acuerdos bajan y los bloques provinciales calculan sus relaciones con el poder central. Hay una dimensión institucional que el ruido político suele opacar. La supervivencia del DNU 70 no implica que sea constitucional ni que su contenido sea legítimo desde el punto de vista legal. Implica, en cambio, que el mecanismo de control parlamentario sobre los decretos de necesidad y urgencia sigue siendo ineficaz en la práctica. Argentina tiene un sistema formalmente diseñado para limitar el poder ejecutivo, pero que en los hechos raramente lo hace. Para la oposición, el fracaso de esta convocatoria tiene un costo político concreto: refuerza la narrativa oficialista de que el Congreso es irrelevante o que la oposición no tiene proyecto. Para Milei, en cambio, la supervivencia del decreto es oxígeno político y confirma que su modelo de gobierno por decreto tiene margen para continuar. La ausencia de sanción parlamentaria es, en los hechos, una forma de legitimación pasiva. La pregunta que queda abierta no es si la oposición volverá a intentarlo, sino si existe alguna condición política que le permita sostener un acuerdo lo suficientemente firme como para llegar a votar. Hasta ahora, esa condición no apareció. Y mientras no aparezca, el DNU 70 seguirá vigente, no por su fortaleza jurídica sino por la debilidad política de quienes deberían controlarlo.