viernes, 23 de octubre de 2026
 
 
     
La universidad pública como campo de batalla del ego libertario

El conflicto entre el Gobierno y las casas de altos estudios desborda lo presupuestario: hay un componente de identidad y resentimiento que moldea la política.

El decano de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, Guillermo Durán, puso en palabras lo que muchos actores del sistema universitario argentino murmuran en privado: el asedio del gobierno de Javier Milei a las universidades públicas no responde únicamente a una lógica fiscal, sino también a una psicología del poder que mezcla ideología con biografía. La declaración instala una hipótesis incómoda pero analíticamente relevante: que parte de las decisiones de política educativa se procesan desde una subjetividad herida, y eso tiene consecuencias concretas sobre el financiamiento, la autonomía y el futuro del sistema científico nacional. El contexto no es menor. Desde que asumió en diciembre de 2023, el gobierno libertario sostuvo un enfrentamiento sistemático con las universidades nacionales, que incluyó el veto a la Ley de Financiamiento Universitario, la licuación del presupuesto educativo mediante la inflación y una retórica oficial que calificó a las casas de estudio como "nidos de adoctrinamiento". La tensión escaló hasta producir movilizaciones masivas en todo el país, con la marcha universitaria de octubre de 2024 como punto de inflexión que reunió a más de un millón de personas. Lo que aporta Durán al debate es una clave interpretativa que va más allá del relato oficial sobre el ajuste. Si la política universitaria fuera exclusivamente una variable del equilibrio fiscal, resultaría inexplicable la intensidad retórica con que el propio Milei y su entorno atacan a las instituciones académicas. El presidente ostenta un doctorado que el sistema universitario tradicional nunca terminó de validar con el reconocimiento que él parece haber buscado, y esa brecha entre aspiración y reconocimiento puede funcionar como motor emocional de políticas públicas. El fenómeno no es exclusivo de la Argentina ni de este gobierno. La tensión entre outsiders políticos con credenciales académicas difusas y las élites intelectuales establecidas es un patrón que se repite en experiencias populistas de distinto signo. Lo singular del caso argentino es que ese resentimiento se procesa desde el Estado con herramientas concretas de asfixia presupuestaria, lo que convierte una disputa simbólica en una amenaza estructural para instituciones que forman recursos humanos críticos para el desarrollo. La posición de Durán es la de un actor directamente afectado, lo que le quita neutralidad pero le otorga conocimiento de causa. Exactas es, además, una facultad emblemática: produce ciencia de alto impacto, forma investigadores del CONICET y concentra parte importante del capital simbólico de la UBA. Que su decano salga a instalar esta hipótesis en el debate público es una jugada política deliberada.