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| viernes, 9 de octubre de 2026 |
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El techo de Milei: señales de agotamiento en el ciclo libertario
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El diputado Juliano diagnostica un presidente sin más combustible político. El escenario 2025 se fragmenta y abre oportunidades para nuevas fuerzas.
El diputado Pablo Juliano, jefe del bloque Democracia para Siempre, colocó sobre la mesa una hipótesis que circula en voz baja entre la oposición moderada pero que pocos se atreven a sostener en público: Javier Milei habría alcanzado su techo político. El planteo no es menor en un año electoral. Si la lectura es correcta, el mapa de poder en el Congreso y en la opinión pública puede reorganizarse de forma significativa antes de octubre.
El diagnóstico de Juliano se apoya en tres grietas visibles del oficialismo. Primero, la fragilidad jurídica del DNU 70/23, el decreto de desregulación masiva que fue el puntapié del proyecto refundacional de La Libertad Avanza, cuestionado desde su origen por su constitucionalidad y que acumula impugnaciones. Segundo, la postura del Gobierno ante el financiamiento universitario, que generó una de las primeras grandes fisuras entre Milei y sectores de clase media que inicialmente lo apoyaron. Tercero, la creciente atomización del escenario electoral, que abre espacios para fuerzas que hoy parecen menores.
El contexto importa: Milei llegó al poder en diciembre de 2023 con una energía política excepcional, sustentada en el hartazgo social acumulado durante años de estanflación y deterioro institucional. Esa energía, sin embargo, tiene una lógica de consumo acelerado. Los liderazgos disruptivos suelen tener una curva de impacto intensa pero breve si no logran consolidar resultados tangibles que vayan más allá del shock inicial.
La cuestión universitaria es, en ese sentido, más que una disputa presupuestaria. Es la primera señal concreta de que el gobierno de Milei puede perder terreno en segmentos que no pertenecen al kirchnerismo ni a la centroizquierda tradicional. La universidad pública es un bien simbólico de enorme peso en la Argentina de las capas medias. Tocarlo sin una narrativa de reemplazo creíble es un error político de costo alto y cobro diferido.
La hipótesis de la fragmentación electoral que sostiene Juliano tampoco es descabellada. Argentina tiene antecedentes claros de sistemas de partidos que se pulverizan cuando la decepción con el liderazgo dominante no encuentra una oposición consolidada. Ocurrió en 2001 y en menor escala en 2013 y 2021. La diferencia es que hoy la oposición peronista también arrastra un descrédito profundo, lo que podría beneficiar a espacios del centro y del republicanismo no alineado, como el propio bloque de Juliano.
El problema estructural para quienes apuestan a ese escenario es que la atomización no garantiza alternancia ni gobernabilidad. Un Congreso más fragmentado puede ser funcional para bloquear al oficialismo pero insuficiente para construir una mayoría alternativa. Argentina ya vivió esa trampa: la multiplicación de fuerzas intermedias que se neutralizan entre sí y terminan facilitando, paradójicamente, la continuidad del actor más organizado.
Lo que el análisis de Juliano revela, más allá de sus intenciones electorales evidentes, es que el ciclo Milei enfrenta su primera prueba de resistencia real. El ajuste fiscal cosechó consenso mientras el costo parecía abstracto. Cuando ese costo se vuelve concreto, en universidades, en salarios, en seguridad jurídica para inversores, la coalición de apoyo se tensiona. La pregunta que estructurará la política argentina de aquí a octubre no es si Milei pierde votos, sino quién tiene capacidad real de capturarlos.
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