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| sábado, 26 de septiembre de 2026 |
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Milei contra la prensa: cuando el poder celebra la censura judicial
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El Presidente aplaudió en redes la condena a periodistas de LN+ en Formosa, revelando una contradicción profunda en su discurso libertario.
Un fallo de la justicia provincial de Formosa condenó a cuatro integrantes de un equipo periodístico de LN+ a pagar multas o cumplir días de arresto por filmar en comunidades aborígenes. La noticia habría podido pasar como un conflicto menor entre normativas locales y libertad de prensa. Pero Javier Milei eligió celebrarlo públicamente, con la frase 'basuras inmundas con micrófono', y convirtió el episodio en un dato político de primera magnitud.
La reacción del Presidente expone una contradicción que ya no puede disimularse: el líder que construyó su ascenso político sobre la crítica al poder establecido y la reivindicación de la libertad individual festeja abiertamente una sentencia que restringe el ejercicio periodístico. No se trata de un exabrupto aislado. Es parte de un patrón de hostigamiento sistemático hacia medios y periodistas que no alinean su cobertura con la narrativa oficial.
Formosa agrega una dimensión adicional al conflicto. La provincia gobernada históricamente por Gildo Insfrán es señalada desde hace años como uno de los territorios con mayores restricciones a la libertad de prensa en Argentina. Que Milei, quien supo denunciar ese modelo de poder, ahora celebre sus instrumentos judiciales contra periodistas, marca un viraje revelador sobre cómo el oficialismo concibe la relación entre prensa y gobierno.
Los cronistas afectados denunciaron además seguimiento por parte de organismos de inteligencia provinciales durante su trabajo de campo. Si esa denuncia prospera, el episodio deja de ser un conflicto sobre permisos de filmación y se convierte en un caso de vigilancia estatal sobre el periodismo, algo cualitativamente diferente y de mucha mayor gravedad institucional.
El hecho de que el objetivo de la condena sea LN+, canal del Grupo Clarín, tampoco es un dato menor. La guerra entre Milei y ese multimedios tiene una historia reciente y conocida. Pero utilizar el aparato judicial de una provincia como herramienta en esa disputa corporativa implica un nivel de degradación institucional que debería alarmar más allá de las simpatías o antipatías hacia cualquiera de los actores en pugna.
El periodismo en comunidades aborígenes es además un territorio especialmente sensible, donde conviven derechos colectivos, acceso a la información y regulaciones específicas. La discusión legítima sobre esos límites queda completamente sepultada cuando el Presidente convierte el fallo en combustible para sus redes sociales. Lo que pudo ser un debate sobre protocolos se transforma en un mensaje de impunidad hacia quienes ejercen el poder.
La apelación anunciada por el equipo periodístico llevará el caso a otra instancia. Pero el daño político ya está producido: un Presidente que celebra condenas a periodistas, en cualquier contexto y por cualquier motivo, normaliza la idea de que el poder puede y debe castigar a quienes lo incomodan. Esa es la verdadera noticia detrás del fallo formoseño.
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