sábado, 26 de septiembre de 2026
 
 
     
El costo político del ajuste no hunde a Milei en las urnas

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Las críticas desde el propio espacio libertario revelan una tensión estructural entre metas fiscales y viabilidad electoral.

El economista Carlos Rodríguez, uno de los referentes técnicos más cercanos al núcleo duro del pensamiento libertario argentino, abandonó el silencio cómplice y lanzó una señal de alarma sobre el rumbo económico de la gestión Milei. No se trata de una voz opositora ni de un crítico ideológico: Rodríguez integró el círculo de confianza técnica del espacio y su diagnóstico pesimista tiene, por eso mismo, un peso político diferente al de cualquier economista heterodoxo. La frase 'no veo cómo salir de este fracaso' no es un accidente retórico. Es la síntesis de una preocupación que circula en voz baja entre economistas afines al gobierno: el ajuste fiscal se sostuvo, pero sus costos sociales y políticos empiezan a erosionar el capital electoral que La Libertad Avanza necesita para consolidarse como fuerza dominante en las legislativas de octubre de 2025. El timing de estas declaraciones es central para entender su significado. A medida que el ciclo electoral se aproxima, el gobierno enfrenta una paradoja clásica de la economía política argentina: los programas de estabilización generan sus beneficios en el mediano plazo, pero sus costos se concentran en el corto. Si la recuperación del salario real y el consumo no se consolida antes de las urnas, el oficialismo compite con un electorado que percibe el ajuste pero aún no palpa la recompensa. La dinámica interna del espacio libertario agrega otra capa de complejidad. Las tensiones entre el equipo económico liderado por Luis Caputo y sectores técnicos que cuestionan la velocidad y composición del ajuste no son nuevas, pero la visibilidad pública de esas diferencias representa un cambio cualitativo. Cuando las grietas se expresan en medios, el relato de la 'gestión impecable' se fisura y la oposición encuentra munición argumental sin necesidad de construirla. Históricamente, los gobiernos argentinos que apostaron al shock de ajuste enfrentaron este dilema sin resolución satisfactoria. La experiencia de la convertibilidad en sus fases finales, o el gradualismo macrista que tampoco escapó al desgaste, muestran que la economía política del ajuste tiene una lógica propia que trasciende la voluntad de los equipos técnicos. Milei llegó al poder prometiendo romper esa lógica, pero los datos de actividad, empleo informal y consumo sugieren que la ruptura es más discursiva que estructural. El escenario que se abre de aquí a octubre es, en ese sentido, el verdadero test de la hipótesis libertaria. Si el gobierno logra mostrar mejoras tangibles en el nivel de vida de los sectores medios y populares antes de las elecciones, la crítica de Rodríguez quedará como una advertencia ignorada con éxito. Si no lo logra, esa frase funcionará como epitafio anticipado de una gestión que ganó la batalla fiscal pero perdió la guerra política. Para DATAPOLITICA, el dato más relevante no es el contenido del diagnóstico sino su origen. Cuando los propios aliados técnicos de un gobierno empiezan a hablar de fracaso en público, el problema ya superó el umbral de la gestión interna y se convirtió en un factor de la disputa electoral. Eso cambia el mapa de fuerzas de cara a octubre de una manera que ningún indicador macroeconómico puede compensar por sí solo.