lunes, 14 de septiembre de 2026
 
 
     
El caso Bailaque revela el laberinto procesal que protege a los jueces

La disputa sobre qué código aplicar al exmagistrado no es un detalle técnico: es el núcleo de un sistema que dilata la rendición de cuentas del poder judicial.

El caso del exjuez Marcelo Bailaque expone una paradoja estructural del sistema judicial argentino: los mismos mecanismos que la justicia administra para el resto de los ciudadanos se convierten, cuando el acusado es un magistrado, en una maraña procedimental que puede extenderse indefinidamente. La discusión sobre qué sistema procesal corresponde aplicar no es una cuestión menor de forma; es, en los hechos, una herramienta de dilación. La denuncia de la diputada provincial Lionella Cattalini logró lo que pocas veces ocurre: forzar la renuncia de un juez en ejercicio. Sin embargo, ese resultado político concreto choca ahora contra la inercia institucional. La pregunta sobre si Bailaque llegará a juicio oral no tiene respuesta clara, y esa incertidumbre no es accidental: es constitutiva de un fuero que históricamente resistió la transparencia. Lo que el caso deja al descubierto es la