sábado, 24 de junio de 2017
   
 
09/05/2014
     
Tinelli - Capitanich - Limites

Sandra Mendoza desestimó ayer tarde la convocatoria y el dato aporto una imprescindible cuota de sentido común.

 
   Cualquier actividad humana tiene  regulaciones. Jugar al fútbol implica acatar un reglamento. Gobernar una nacion significa ceñirse a lo determinado por una  Constitución.  Conducir una sesión parlamentaria representa respetar lo que determinan mayorías y minorías. Concurrir a un cajero automático a buscar plata es aceptar de hecho que hay un monto máximo fijado por las normas del caso.  Pasa en la escuela, el trabajo, la ruta, en la vida en definitiva.
 
   En todos lados, menos en la Televisión. Privada en este caso.  Porque no es el eje de la cuestión, pero es un punto central para discutir el punto de las autoregulaciones.
 
    Marcelo Tinelli ha convocado  a Bailando por un Sueño a la diputada Sandra Mendoza, ex  esposa del Jefe de Gabinete. Jorge Capitanich imaginó que el convite iba a ser rechazado pero la protagonista insiste con el juego. Por supuesto que hay responsabilidades en la propia legisladora.  Porque es público y notorio que ha atravesado problemas psicológicos serios (la tenencia de sus hijas está en manos de su ex marido, por ejemplo) pero también es cierto que hoy es Diputada de la Nación en pleno uso de sus facultades. Nadie ha dicho lo contrario, ni oficialistas ni opositores en los últimos dos años. Si alguien está capacitado para votar en el Parlamento también está apto para discernir en torno a  alguna propuesta para bailar por televisión.
 
    La cuestión es otra. Es Tinelli. Pregunta. No hay en este caso ningún tipo de regulación posible, ningún límite, ninguna barrera?   Hay un principio de DIGNIDAD elemental que enmarca cualquier actividad política o social y que es central en la Declaración Universal de los Derechos  Humanos: "Se debe actuar considerando a cualquier 
persona que se encuentre al alcance de nuestras decisiones siempre cómo un fin en si mismo y nunca cómo un medio"

     Sandra Mendoza no es un fin en si mismo. Es una persona legalmente habilitada para legislar pero dolida y golpeada. Aquí no se la convoca para concretar ningún sueño ni para algún tipo de reparación personal. La llaman  para lastimar  a terceros (su ex marido y el propio Gobierno Nacional) con hijas adolescentes en el medio atravesando una tormenta donde nada pueden hacer por  detenerla.

    Manejó muy mal el Gobierno y particularmente Jorge Capitanich la negociación con Marcelo Tinelli en Fútbol para Todos?  Seguramente. Hubo un muy mal cálculo oficial previo sobre lo que implicaba darle el manejo del fútbol al empresario mediático de mas peso en el país, pero que además era el vicepresidente de uno de los clubes que tenía que discutir un contrato millonario? Sin dudas. Justifica esto algo? 

      Vale todo ante un negocio perdido? Si los caminos legales no ofrecen grietas que permitan evitar el daño, porque no está claro que la justicia tenga a mano algún camino, no hay límites en el responsable principal de la convocatoria?  No hay tampoco reparos personales éticos en quién la contrata?

     Si los límites y reglamentaciones sobre cualquier actividad demarcan nuestra vida privada y social,  ¿Es natural que la  Televisión  sea un vale todo no alcanzado  por  elementales cuestiones de dignidad que sus propios responsables deberían asumir  al menos en mínima escala?