jueves, 24 de septiembre de 2020
   
 
13/07/2020
     
Maldita policía

Un joven de 22 años desaparecido cerca de Bahía Blanca. Un adolescente de 18 (cumplidos el día de su muerte) asesinado por dos policías ya imputados en La Matanza. Dos casos por ahora sin respuestas del Gobierno de Axel Kicillof para una historia dolorosamente repetida en democracia. Miradas sobre Berni. Los condicionamientos del poder político por conducir a una fuerza que a la vez resulta imprescindible a la hora del control social.

 Facundo Astudillo Castro salió hace más de 70 dias de su casa y las últimas imágenes donde aparece es junto a un patrullero, de espaldas, en las cercanías de Bahía Blanca. Presuntamente fue detenido por circular sin el permiso habilitante en tiempos de pandemia. Ya se allanó sin novedades la comisiaría donde presuntamente fue trasladado y la mayor queja de su madre se refiere a las inexplicables demoras ocurridas para activar su búsqueda. La muerte de Lucas Verón data de hace poco más de 72 hs. La madrugada del 10 de julio salió junto a un amigo en moto y dos efectivos de la Bonaerense -marido y mujer- le arrojaron primero el patrullero encima y  dispararon luego  un tiro en el pecho. Los primeros informes indicaron que los policías adujeron un intento de arrebato de un celular y por eso comenzaron la persecución. El amigo de Lucas desmintió luego esa  versión.

  En el año 90 efectivos de la Bonaerense se llevaron detenido  de su domicilio en Villa Elvira  a Hipólito Núñez, albañil. En el 93 Miguel Bru, estudiante de periodismo - hijo de un suboficial de la Fuerza- fue  esposado y alojado en una comisaría de La Plata. Nunca más aparecieron.  El Poder Político históricamente no ha podido controlar  a la Policía de la Provincia. Hubo intentos diversos de la mano de Aldo Rico, Juan José Alvarez, la propia Patricia Bullrich en años duhaldistas y también ensayos de democratización y menos verticalidad con León Arslanian. Los resultados fueron siempre parciales. En parte por la complejidad de la cuestión y  porque nunca hubo demasiada continuidad en los caminos elegidos. La propia María Eugenia Vidal fue víctima de estos procederes y presiones cuando decidió que era obligatorio que comisarios y subcomisarios en actividad presentasen su declaración jurada de bienes.

  La desaparición de Facundo Astudillo Castro y el asesinato de Lucas Verón son dos hechos particularmente sensibles para el Frente de Todos en general y para el Gobernador en particular. Primero porque junto a algunas denuncias de la oposición han aparecidos voces del propio espacio ( Victoria Donda, NIcolás Trotta) reclamando por ambas situaciones, segundo porque involucran al discutido Sergio Berni y tercero porque la historia generacional y polítca de Kicillof hace que sea un Gobernador mas asociado a la defensa de los Derechos Humanos, a la denuncia de la violencia institucional,  que sus antecesores. Para algunos no votantes del Gobernador tal vez no sea una cuestión decisiva. Para el núcleo duro de sus electores -mucha juventud-  es un tema sensible e importante. 

   Todas las administraciones en la provincia han atravesado situaciones parecidas y  en algunos casos se sancionaron responsabilidades políticas y en otros no. Habrá que ver que sucede en este caso, pero el escepticismo en torno a la desaparición de Astudillo Castro es grande y la responsabilidad policial en el asesinato de Verón parece evidente. El problema del poder político es siempre el mismo: sabe de los abusos policiales y de su convivencia cercana -en muchos casos- con el delito. También está claro que la Fuerza es la herramietna exclusiva de control social en una provincia siempre al filo de desbordes. Su doble rol habilita en muchas casos una mirada permisiva a la hora de sancionar irregularidades y delitos.