sábado, 21 de julio de 2018
   
 
26/02/2018
     
¿Que pasa después?

Instalar el debate por la despenalización del aborto es la idea mas creativa y audaz del Gobierno en meses. Recupera la agenda y permite licuar de manera transitoria otros temas muy complejas. El debate tampoco es sencillo en el peronismo y los movimientos sociales, pero también hay riesgos latentes sobre su desarrollo y votación final. El rol de Monzó. Es viable la prescindencia?. La realidad social mas allá de cuestiones éticas y religiosas.

   Cómo nunca en dos años y pico de gestión el Ejecutivo recurrió a la sorpresa y la novedad para un timonazo político imprescindible. Sorpresa porque el  aborto no parecía estar en ninguna de las prioridades del Gobierno y novedad por las  características del tema elegido. Se puede asociar a Cambiemos con un intento de eficientizar la administración de la cosa pública y la incorporación del sector privado  a la política, no con reclamo histórico de sectores de izquierda, progresistas y colectivos femeninos. La innovación paga y la muestra son los medios del fin de semana: todos con el mismo tema.

   El origen, indican, fue la preocupación de Emilio Monzó sobre lo que podía pasar con un pedido de Sesión Especial en los primeros dias del mes por todos aquellos sectores que reclaman desde hace rato el tratamiento del aborto en el Congreso. El especto es muy amplio. Coinciden mujeres de  casi todos los bloques, el reclamo es transversal. También la representación masculina es multipartidaria y nadie podía asegurar que reuniesen 129 votos positivos y forzar su tratamiento en sesión especial pero los riesgos están presentes. En diciembre, de ese modo, el colectivo femenino consiguió votar la igualdad de género ante la notoria incomodidad de Nicolás Massot cómo titular del bloque PRO: no tanto por su resistencia al 50 - 50 en materia de candidaturas sino por verse  obligados a tratar y votar un tema que nunca había pasado por Labor Parlamentaria, el gran filtro de cualquier oficialismo en el Congreso. Podía pasar lo mismo ahora? No había certezas.   Emilio Monzó, previsor, planteó el tema: Ante el riesgo, que sea Cambiemos  quién se pone a la cabeza del posible tratamiento. 

  Hasta aquí todo se explica y entiende. Lo que viene es mas complejo.  El Presidente Macri siempre se manifestó contrario al aborto, el Jefe de Gabinete planteó que corresponde discutir el tema pero "me resulta muy difícil no tener presente el latido del corazón de mis hijos cuando tenían apenas seis o siete semanas". Rogelio Frigerio también se manifestó en contra. El sábado el Ministro de Educación de la Provincia, Marcelo Villegas dijo lo mismo. Hoy, Luis María Etchebehere expresó su público rechazo. Lino Barañao, titular de Ciencia y Técnica, fue hasta aquí el único ministro en respaldar públicamente la despenalización  y  en una posición similar el Ministro de Salud  Adolfo Rubinstein dijo: " En los paises que legalizaron el aborto la mortalidad materna bajó drásticamente" Un dato revelador de lo incierto que resulta aventurar un resultado final en el tema. Carmen Polledo, militante católica y muy cercana al Presidente, fue designada cómo titular de Comisión de Salud de la Cámara Baja luego que su nombre fuese manejada cómo una posible alternativa para reemplazar al propio Monzó cómo titular de la Cámara de Diputados.  Ahora le toca iniciar el tratamiento del debate y manifestó en la reunión de Gobierno de la semana pasada su notoria incomodidad con el proyecto. El consejo fue concreto: "Votá cómo quieras,  pero no demores la discusión "

   El Gobierno dice que lo escencial es debatir el tema y que no importa tanto el resultado final. Señala también, y es cierto, que otras fuerzas son atravesadas por la mismas diferencias. Cristina Fernández de Kirchner y Máximo  jamás mostrar en público alguna diferencia en diez años. En este punto, sin embargo, la ex presidenta fue siempre una opositora  pública al tratamiento legislativo del aborto y Máximo en cambio acompaña todos los reclamos en sentido contrario. Juan Grabois dijo hoy cómo titular de la CTEP que él esta en contra, y con seguridad hay muchos otros dentro de su propia organización que piensan diferente. Lo mismo sucede con la Coalición Civica. Carrio rechaza el tratamiento taxativamente y hombres y mujeres de su propio partido militan desde hace años por una legislación al respecto. 

  Miguel Pichetto dijo el fin de semana " No se si el Gobierno va a apoder controlar el debate. Parece una trampa cazabobos para correr de la agenda otras cuestiones muy sensibles cómo el caso Diaz Gilligan y otros".  Lo que dice es central y es la gran duda sobre el alcance y futuro de la decisión del Gobierno. En otros temas históricos sensibles cómo Ley de Divorcio o Matrimonio Igualitario, los oficialismo del momento (UCR y FPV) se pusieron a la cabeza del proyecto, lo militaron y celebraron su sanción. No es este el caso. La pregunta  sin respuesta es lo que quiere el Gobierno. En que escenario está mas cómodo el Presidente? Con la aprobación o el rechazo? Puede llegar a vetar una sanción de ambas Cámaras cómo especuló Federico Pinedo? Se calcularon los costos o beneficios de una decisión de ese tipo? Las dudas de Pichetto sobre el control de la situación no son fruto de una especulación parlamentaria de coyuntura. 

 La  Convención de los Derechos del Niño, incorporados a la Reforma de la Constitución del 94 señala en su artículo 2 "Se entiende por niño a todo ser humano desde el momento de su concepción". A partir de allí algunos consitucionalistas plantean hoy, con razonabilidad,  si es  posible sancionar una ley de "Interrupción voluntaria del embarazo" sin una modificación previa de la Constitución. Debate pertinente. Los sanitaristas mayoritarimente, desde Ginés González García a Adolfo Rubinstein, plantean que está cientificamente comprobado  que en un embrión no hay vida. Todas las posiciones pueden ser válidas, pero hay una cuestión  esencial que a veces parece no ser parte principal del problema. El aborto forma parte de las decisiones individuales o en pareja de centenares de miles de argentinos desde hace décadas.  La enorme diferencia, y la mas injusta, está en los recursos que se tienen o no para afrontar la interrupción de un embarazo. Allí radica el problema principal. Quién tiene medios accede en condiciones clandestinas pero de cierta salubridad. Quién no los tiene multiplica riesgos y espiraliza los casos de mortalidad. Por aquí pasa la cuestión principal.  Decirle no a la aborto es negar lo evidente. Podemos estar de acuerdo o no con la ley pero eso no evita las personalísimas decisiones. Es nuestra realidad cotidiana. Acá y en el mundo. Y mas allá de razonables cuestiones religiosas, éticas o filosóficas lo que corresponde es igualdad de opciones. Que el elegir sea para todas, no solo para las que pueden.